La Pereza

El pecado de la Pereza hace referencia a la incapacidad de aceptar y hacerse cargo de la existencia de uno mismo. Tomada en sentido estricto es pecado mortal, ósea llevado a limites extremos, se opone directamente a la caridad que nos debemos a nosotros mismos y al amor que debemos a Dios. De esta manera, si deliberadamente y con pleno consentimiento de la voluntad, nos entristecemos o sentimos desgano de las cosas a las que estamos obligados; por ejemplo, al perdón de las injurias, a la privación de los placeres carnales, entre otras; la acidia es pecado grave porque se opone directamente a la caridad de Dios y de nosotros mismos.

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Entre frases inspiradas en la pereza tenemos la del poeta William Cowper “Una persona perezosa es un reloj sin agujas, siendo inútil tanto si anda como si está parado”. Y hasta el famoso científico Benjamin Franklin señala que “La pereza viaja tan despacio que la pobreza no tarda en alcanzarla”. Lo que no podemos negar es que la pereza no trae nada de provecho o beneficio, por el contrario deteriora y daña lo que con tanto esfuerzo se logra crear.

Un dato curioso es que el Papa Benedicto XVI señalo que la Pereza no merece ser llamado pecado, ya que “Gracias a la Pereza se ha logrado el avance tecnológico que podemos disfrutar en la actualidad. Cada invento que facilita la vida del ser humano tiene como origen la pereza”. Recordemos que hasta el siglo VI eran 8 y no 7 los pecados y fue el papa Romano San Gregorio Magno que elimino la tristeza, ¿será que la pereza será eliminada de la lista de pecados capitales?, tendremos que esperar a ver que acontece.

Tenemos que para neutralizar este pecado tenemos que practicar la Diligencia, es decir la prontitud de ánimo y esfuerzo para obrar el bien.

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